Entrevista Diego tendinitis 2

Estocada directa a la tendinitis de codo: la ozonoterapia cura la epicondilitis de un joven esgrimista vigués

No es necesario ser un deportista de élite para sufrir lesiones de un deportista de élite. Tampoco hace falta ser un tenista profesional para padecer codo de tenista. La epicondilitis, más conocida como tendinitis de codo o codo de tenista, puede ser un problema que afecte a cualquiera sin importar la edad.

Ese es el caso de Diego, un estudiante de Química que con veinte años probó suerte con la ozonoterapia para remediar una epicondilitis que le traía por el camino de la amargura desde los diecisiete. A este estudiante vigués siempre le gustó el deporte, practicaba tenis y esgrima, también era un apasionado del bricolaje, todas actividades que requerían del esfuerzo, la velocidad y la precisión de su brazo derecho. Un día notó que perdía fuerza de agarre de la mano derecha. No era capaz de empuñar la espada o la raqueta con firmeza. Algo no estaba funcionando como debiera.

“Diego, tú lo que tienes ahí es una bola”, le dijo su fisioterapeuta en la primera visita. Efectivamente, su codo estaba muy inflamado por la cara exterior, tenía tendinitis de codo. Empezaron los masajes, los estiramientos, el hielo para bajar la hinchazón, punciones secas… pero había entrado en una espiral, practicaba deporte y se lastimaba, acudía al fisio, volvía al deporte, y otra vez ese dolor… Diego estaba desesperado y su fisioterapeuta también porque no sabía cómo auxiliarle. Los problemas comenzaron a afectarle a su vida cotidiana, acciones poco exigentes como tomar apuntes en la universidad o tocar el piano ahora suponían una nueva preocupación.

“Los dolores no son muy fuertes, pero se sienten muy adentro”, explica Diego. “Noto que algo no está funcionando bien, siento que tengo que estar forzando el brazo permanentemente, es como un dolor sordo que está ahí, comiéndome por dentro”, subraya.

Pero la solución no estaba tan lejos como parecía. En su club de esgrima conoció a José Antonio Marques de Magallanes, también aficionado a las artes marciales con espadas y director de la Clínica de Ozonoterapia Claro. El doctor Marques le recomendó que se pasase por las instalaciones en Vigo para tratar su problema y Diego no pudo tomar una mejor decisión a la hora de aceptar su ofrecimiento.

“Para notar avances solo necesité una sesión”, asegura el estudiante de Química. Recuerda que al día siguiente volvió con su fisioterapeuta para otra punción seca y apenas sintió dolor. A la cuarta sesión ya podía desempeñarse con bastante normalidad. Han pasado casi dos años y el joven vigués afirma que ya no hay dolor: “Apenas noto limitaciones en esa zona”. Además, conseguir curar su epicondilitis sacó a la luz otras lesiones que habían pasado desapercibidas. Los tendones de la parte interior del codo también estaban lesionados, lo que se conoce como epitrocleitis o codo de golfista, por lo que tuvo que extender su tratamiento.

“El doctor me palpa el brazo en busca de los puntos de dolor, cuando nos topamos con alguno, lo marca, después de eso se inyecta ozono por vía percutánea. Si se ha pinchado en la zona inflamada, se nota un dolor inmediato, que nos ayuda a localizar las lesiones. El dolor es asequible, para nada insoportable”, describe Diego.

¿Por qué funciona el tratamiento con ozono en las tendinitis? El doctor Marques de Magallanes aclara que con la ozonoterapia se actúa en el foco de la lesión. “Para curar estos problemas no basta con bajar la inflamación, hay que llegar al origen. El ozono, gracias a sus propiedades oxigenante y antioxidante le da a la lesión la capacidad de curarse”, detalla el director de la Clínica de Ozonoterapia Claro.

Ahora Diego apenas necesita la ayuda del ozono para desarrollar su actividad deportiva con normalidad. De aquellas sesiones semanales ha pasado a una trimestral. Está casi curado por completo gracias a que ha complementado con acierto la ozonoterapia con los cuidados de su fisioterapeuta.

“No podría hacer todo lo que hago ahora sin la ozonoterapia”, sentencia Diego, que concluye que para él este tratamiento ha sido la manera de “volver a utilizar el brazo de forma normal”. Confiesa, además, que ya ha recomendado las prácticas que se llevan a cabo en la Clínica Claro a otra persona conocida, que también ha obtenido unos resultados más que satisfactorios.

 

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